domingo 1 de noviembre de 2009

POR SI ESTÁS INTERESADO/A. REPETIMOS LA INFORMACIÓN INCLUYENDO VIDEO

¡¡Si todo fuera tan fácil como elegir lo que en cada momento nos conviene!!No pasaríamos tantas noches en vela ni cometeríamos tantos errores que, aunque imprescindibles pera saber quienes somos y qué queremos, desgastan nuestra energía y apagan, a veces, nuestra esperanza.

Para elegir adecuadamente necesitamos unas condiciones: Humildad, tiempo, paz interior, ayuda, paciencia...mucha paciencia, porque nuestras prisas no son los ritmos de Dios, por suerte.

Las Religiosas del Sagrado Corazón hemos experimentado en nuestra vida las dificultades que supone asumir decisiones a lo largo de la vida. algunas opciones son menores, pero otras son las que llamaríamos opciones vitales, aquellas en las que poniendo tu vida delante de Dios te preguntas, Señor ¿qué quieres de mi?.

Somos conscientes de que mucha gente necesita espacios para hacerse preguntas de fondo y, por ello, este curso, vamos a ofrecer dos propuestas en esta línea. Quieren ser una ayuda para quien sienta que lo puede necesitar.

EJERCICIOS ESPIRITUALES EN LA VIDA ORDINARIA DESDE LA ESPIRITUALIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN.

Siguiendo el método de oración de S. Ignacio. Acompañamiento periódico. Para jóvenes entre 20 y 35 años. Inicio: Enero del 2010. Habrá dos encuentros en Madrid y el acompañamiento será en las diversas ciudades de las personas que se apunten.

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TALLER DE VIDA RELIGIOSA

Experiencia de profundizar en la vida religiosa desde la espiritualidad del Sagrado Corazón. Se desarrollará en tres fines de semana en comunidades de ciudades distintas. Para jóvenes entre 20 y 35 años.

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Si estás interesado/a en cualquiera de estas actividades contacta con nosotras en el correo pastoral@rscj.es .

El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños. P. Coelho.

Un saludo, Teresa Gomá

viernes 30 de octubre de 2009

RECOMIENDO ESTE LIBRO.




No he leido el libro pero conozco a la persona que lo escribe y seguro que merece la pena.
Sois los primeros/as en saberlo; por algo Mariola pertenece a mi Congregación y a mi provincia. Va a ver la luz a principios de noviembre.


MIRAR POR OTROS.
Historias de sabiduría y sanación.
Mariola LópezVillanueva, rscj

Este libro es un colirio para los ojos. Cada relato sana una parte de nuestra persona, nos ilumina un rincón oscuro, nos devuelve la esperanza sobre nosotros mismos, a los que la prisa no nos deja mirar, contemplar, reposar la mirada. Una mirada peregrina que disuelve la cáscara de las apariencias y descubre bajo la superficie otra dimensión mucho más honda de la realidad. Se puede abrir en cualquier página como el que abre una fuente. Pero no es un libro inocente. Lleva dentro una exigencia profunda: «Hay que nacer de nuevo para ver el reino de Dios» (Jn 3,3) y, al mismo tiempo, hay que cuidar y abrazar la vida de los otros allí donde se encuentra más amenazada. (B. González Buelta)

Que tengáis un buen día, Teresa Romo, rscj

sábado 10 de octubre de 2009

REFLEXIONES DE UN SÁBADO POR LA MAÑANA


Hace algún tiempo que no escribo en el blog sencillamente porque la vida va más rápida que yo. Pero es en mi vida cotidiana con sus avatares que Jesús está y llama a mi vida, me despierta, me interpela y se me manifiesta como compañero.

Estoy convencida que todos necesitamos de una vida interior. La vida interior no es una sombra de claustro monástico sino una realidad necesaria al mundo moderno. Es maravilloso reconocer en los demás, por encima de la calificación de criterios, el signo de Dios presente, la grandeza del ser humano, cualquiera que sea su envoltorio. En la aparente superficialidad de mucha gente hay signos de la presencia de Dios. Dan ganas de gritar: ¡Fíjate, es él!, ¡ y no le habíamos conocido!

Muchas veces escucho en mi interior la pregunta repetida de: ¿Quién es Dios?. Y me voy contestando una y otra vez en esta maraña de actividad y de humanidad no siempre redimida: Alguien que te acompaña de por vida, alguien que está contigo.
A Jesús le interesan mis conversaciones con él aunque le hable de la gente que dice que no práctica, que no cree en él ni lo necesita, … Cuando hablo con ellos/as siento que quieren ver a Jesús y lo miran vestido de calle, preocupándose e interesándose por sus cosas, en el estar cómodos sin ser interrogados, … Ese variopinto mundo que me rodea me sorprende cada día. Jamás una tarde se parece a otra, un hombre a otro. El capricho de Dios, el hombre, es irrepetible.

La vida ha cambiado mucho y me asusta ver tanta Iglesia cerrada, tanto claustro vacío. Echo de menos una puerta abierta en la que entras sin llamar y alguien está ahí para decirte: ¿Qué quieres, que necesitas? Como si fuera la voz del maestro en las palabras más cotidianas, más sencillas. NO NOS DAMOS CUENTA DEL VALOR DE LA PUERTA ABIERTA, LA ACOGIDA. En nuestra Sociedad toda la información se despersonaliza, la mandamos a internet. Consulte nuestra página Web, decimos, y nos quedamos tan anchos.

La imagen del Dios cristiano necesita rostros y palabras. Me pregunto, ¿por qué se han alejado de nosotros los jóvenes inquietos? Si las ONG están llenas, por qué las Iglesias vacías. Nos pasa como con los hijos cuyos padres están siempre ocupados en lo suyo y no tienen tiempo: se nos han ido de casa. No nos conocen y no pueden querernos. Nuestro mensaje no es el suyo, nuestro hábitat no es el suyo, nuestros intereses no son los suyos.

Me impresiona la escena de Emaús y el caminante, cuando lo conocieron al partir el pan, cuando estaban contentos en su compañía, cuando hay tanto desconocido que es amado en la paz de una sobremesa larga, en el apretón de manos extendidas,… La vida interior tiene que ver con la profundidad en las cosas naturales y diarias.
A veces me pregunto en mis relaciones cotidianas: ¿Habré conseguido decirle algo de Dios? Nuestros caminos se encuentran con él en el Emaús de cada día, “haciendo camino al andar”.

Siempre pensamos que la vida interior no cabe en una mente agitada de nuestro tiempo y no puede convivir con el móvil, ordenador, tarjetas de visita… Puede, pero con una condición: ESTAR CONECTADA CON MI INTERIOR. Necesito tiempo de silencio y oración para encontrarme sentada en la habitación oculta de mi ser donde Dios y yo cohabitamos, nos entendemos, hablamos de nuestras cosas y entonces salgo fortalecida. Salgo de mi habitación con nuevos bríos para jugar el partido de la vida y veo las cosas con otro prisma.

Te lo aconsejo: la vida interior es la mejor solución para las mentes y los cuerpos cansados y afligidos.

Feliz día, Teresa Romo, rscj

domingo 4 de octubre de 2009

CONSUMIR MENOS, VIVIR MÁS

Colin Beavan es un neoyorkino que, preocupado por los efectos del consumo de los países ricos en el conjunto del planeta, se propuso vivir un año sin electricidad, sin comida preparada y sin papel higiénico. Lo primero fue vender la televisión. Lo segundo, comprar más a menudo, pero siempre productos frescos, sin elaborar, y producidos más cerca de su casa. Su propuesta arrastró a su esposa y a su hija de corta edad. Él mismo afirmaba al terminar su experiencia: "Nos educan pensando que la felicidad consiste en acumular cosas. Pero el día a día del experimento me enseñó que son las relaciones humanas lo que realmente me hace sentir bien. Te convencen para que trabajes sin parar para que ganes más dinero para poder seguir consumiendo, y resulta que lo realmente importante, estar con la familia y los amigos, lo descuidas".
Su proyecto pretende animar a otros que, a través de su página web No impact project, quieran apuntarse a algunas de sus propuestas en pro de un mundo más limpio, justo y humano, a modo de aldea donde cada decisión individual tiene repercusiones globales.
Teresa Gomà, rscj

domingo 27 de septiembre de 2009

UNA HISTORIA DE SUPERACIÓN

A menudo suceden a nuestro alrededor historias extraordinarias, de esas que te reconcilian con el género humano. Casi siempre hay que buscarlas en la letra pequeña de un periódico, porque en los cánones periodísticos actuales, no merecen un titular ni menos una primera página. La historia de hoy sí se ha ganado un lugar destacado y yo me alegro por ello.
El protagonista se llama Pablo Pineda y es el primer joven con síndrome de down con un título universitario. Por si esto fuera poco, ayer ganó el premio al mejor actor en el Festival de Cine de San Sebastián. Un premio que me conmueve por la humanidad de su protagonista y por la sencillez de su ser. Un reconocimiento a un esfuerzo, una historia de superación que me hace caer en la cuenta de los muchos límites que yo también debo superar cada día: mi mal genio, mi timidez, mi ... Cada uno con sus dones y sus límites, llamados a dar lo mejor de nosotros mismos.
Teresa Gomà, rscj
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domingo 13 de septiembre de 2009

TIERRAS DEL ESPÍRITU

He recibido este artículo de Mariola López Villanueva rscj, y lo comparto con vosotros/as.
Que en todas las situaciones y acontecimiento de este nuevo curso escolar encontremos las huellas del Espíritu y sintamos la frescura de SU PRESENCIA que nos envuelve.


“Nos aguardan aspectos de la plenitud que apenas sospechamos”[1]

Recibo un poema de Benedetti cuando estoy intentando escribir sobre el Espíritu. De pronto se me confirma, una vez más, que sólo la poesía puede presentir algo de aquello que, experimentándolo, no acabamos de saber nombrar porque se sitúa más allá de la tierra de las palabras. Hildegard von Bingen llamaba al Espíritu “vida de la vida de toda criatura”. ¿Es acaso posible decir algo de aquello que está en nuestra raíz más honda, en el crecimiento de la más mínima célula y de su savia, y que es, a la vez, el impulso de la copa de nuestro árbol que aún desconocemos?

De Jesús y del Padre, se hacen muchas representaciones; con el Espíritu más que hablar de él, invocamos la relación con él: “ven”. Invitamos a venir a Aquel que está ya, al Hacedor de las transformaciones, al Posibilitador de toda relación; al Acrecentador de la vida. Me invitan a realizar un retrato sobre el Espíritu, difícil tarea porque ¿cómo pintar al que es, en sí mismo, el Artífice secreto de todos los colores y texturas de la vida; de la belleza que conocemos y de la que aún nos aguarda?
Dice un proverbio africano, “todo lo que vive tiene un alma”. De ese alma del mundo se trata, y ahí sólo podemos hacer aproximaciones, acercamientos, vislumbres. Reconocemos al Espíritu por los efectos que provoca: nos golpea y clama en el sufrimiento de los inocentes, en todas las manifestaciones que maltratan la vida, allí donde no se respeta la dignidad y el valor de las criaturas. Nos alcanza en el sabor fresco de un rostro, en la tonalidad de una voz, en una caricia de la naturaleza; sin saber de dónde viene ni poder prever a dónde irá. El lenguaje que más nos acerca a su expresión es el poético, de esto sabían bien los profetas, sobre todo Isaías. Por eso, voy a tomar de guía el poema de Mario Benedetti, “No te rindas”, que me envía una amiga en esta tarde de Pentecostés en que ando, como Nicodemo, un poco perdida. Quisiera acercarme así a tantas personas que hacen experiencia de la vida en el Espíritu, que lo nombran y lo alumbran en múltiples registros alejados del ámbito explícitamente religioso, y que beben de él, viven de él, sin saberlo. Que tienen abierta la mirada y que son para aquellos que se acercan motivo de contento y de sanación. Hombres y mujeres que aportan al tejido de la existencia humana un don único, un matiz de color y de calor con su presencia, que, a veces, es desconocido aun para ellos. También quisiera, en la Ligera Brisa, situarme junto aquellos que atraviesan momentos de desánimo, de tristeza, de tocar fondo. Y poder escuchar allí adentro esa voz que no cesa: “no te rindas…aún hay fuego en tu alma”.


1.- No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.

Cuando Jesús habla más abiertamente del Espíritu, después de decirle a Nicodemo que tiene que nacer de él para entrar en el Reino (Jn 3, 5), es en el momento de su despedida. El evangelio de Juan nos muestra la vida interior de Jesús, aquella capacidad que le llevaba a amar lo no amable, a incluir a los que eran dejados fuera, a reconocer las huellas de Dios en lo humano. Nunca se atribuye a sí mismo ese poder sanador y generador de vida, lo recibe de Otro, y va a ser al final cuando lo dé a conocer: “pediré al Padre que os envíe otro Valedor que esté con vosotros siempre” (Jn 14, 16). Como nuestra Maestra, o Maestro Interior, que nos enseñará a dejarnos conducir hacia la bondad, hacia la donación, hacia la reconciliación y la alegría. El nombre que Jesús le da es el de Paráclito, en griego: el que mira por nosotros, el que defiende, el que auxilia, el que infunde ánimo, el que alienta; el que otorga valor y da confianza. El que nos susurra al oído, “no te rindas, aún estás a tiempo”.

En muchas situaciones de nuestra vida necesitamos oír esa voz cuando no sabemos cómo aceptar las sombras y las voces del miedo que se van agrandando dentro de nosotros. Creo que al principio de la vida una piensa que hay cosas que van a cambiar, que aquello que más nos molesta en nosotros podremos quitarlo con esfuerzo, con voluntad. Tapar lo que afea nuestra persona, esconder la cizaña, acallar los impulsos agresivos, como si una pudiera modelar su presencia, como hacen con el cuerpo, a golpe de bisturí, cortar y succionar aquello que sobra. También en la historia querríamos actuar de la misma manera. Pero no va por ahí la tarea del Espíritu. A él le gusta reunir, integrar, conciliar. Llevarnos a un lugar interior, a un centro de calma, donde todo tiene su lugar, donde todo encuentra su sitio.

Cuando el Espíritu está sobre un rostro, entonces el lobo y el cordero que habitan en su interior pueden estar increíblemente juntos y pacificados (Is 1, 6). Sin dejar de ser lo que son, pueden convivir y acogerse en su diferencia. El uno contiene al otro, porque ambos forman parte de nuestro tejido humano, y de su misterio. Dice el evangelio de Marcos que Jesús en el desierto convivía con las fieras (Mc 1, 11), con aquello a lo que uno tiene miedo porque sentimos como amenaza, con aquello de lo que nos alejamos y nos defendemos. El mismo Espíritu le había impulsado al desierto para enfrentar sus fieras interiores y para aprender a hacerse amigo de toda la realidad, incluyendo sus dimensiones más oscuras.

La tarea del Espíritu no es ayudarnos a “librarnos” de aquello que sentimos hace opaca la existencia y nos atemoriza, sino que su acción nos lleva, suavemente, a tomarlo, a dejarlo ser, a abrazarlo. Su trabajo de transformación nos enseña a hacer amistad con zonas de nuestra vida, de la realidad, de los otros, de las que nos habíamos distanciando, de las que nos sentíamos separados. Nos lleva a descalzarnos porque ya no tenemos miedo de que la tierra que pisamos dañe nuestros pies. De pronto, sentimos liberado el lastre que fuimos arrastrando durante tanto tiempo y, por unos instantes, nos atrevemos a vivir en el Viento.

Eduardo Galeano tiene una hermosa historia sobre el vuelo del Albatros que bien podría ser una parábola sobre la vida conducida por el Espíritu:

“Vive en el viento. Vuela siempre, volando duerme. El viento no lo cansa ni lo gasta. A los sesenta años, sigue dando vueltas y más vueltas alrededor del mundo. El viento le anuncia de dónde vendrá la tempestad y le dice dónde está la costa. Él nunca se pierde, ni olvida el lugar donde nació; pero la tierra no es lo suyo, ni la mar tampoco. Sus patas cortas caminan mal, y flotando se aburre. Cuando el viento lo abandona, espera. A veces el viento demora, pero siempre vuelve: lo busca, lo llama, y se lo lleva. Y él se deja llevar, se deja volar, con sus alas enormes planeando en el aire[2].


2.- No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.

Todo viaje requiere un equipaje y un tiempo. El viaje de la existencia lo empezamos solos y lo acabamos solos, aún sabiendo que toda la travesía es para encontrar compañía. Se sucederán paisajes y se irá configurando ese entramado de relaciones que nos constituye. Y él estará allí silenciosamente, como Aquel que vincula y anuda, como Tejedora constante de redes que hacen crecer; como Reparadora de todos los tejidos que se desgarraron y se separaron un día, del paño único donde confluyen todos los hilos de la vida.
Desde el momento en que acontecemos en el mundo nacemos formando parte de una red de relaciones. Este tejido relacional se nos va ensanchando a lo largo del crecimiento y también, de otra manera, cuando llegue el tiempo de ser despojados. “Al final de mi vida- decía Casaldáliga avanzado ya su propio viaje- abriré mi corazón lleno de nombres”. El Espíritu es el escribidor de los nombres que van conformando nuestra vida, en los que hemos hecho experiencia de qué significa eso que llamamos amor y que está grabado en nuestro origen y en nuestro destino, como nuestra hambre mayor y cómo nuestro don más preciado.

En el secreto del viaje de nuestra vida, sólo vivimos para hacer experiencia de ese amor. Para ese amor “perseguimos sueños y destapamos cielos”, para esa vibración del corazón, silenciada en cada piedra, en cada flor, en cada animal, en cada rostro humano que se abre ante nosotros. Sólo anhelamos dar y recibir esa vibración, esa voz. “Para que mi amor esté en vosotros” (Jn 17, 26), decía Jesús, y él hablaba de aquel amor que ordena y sostiene el Universo, en el que somos convocados a nacer por segunda vez y hasta setenta veces siete.

3.- No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.

El fuego y el viento, junto con el torrente de agua viva, son los símbolos más potentes con los que la Biblia intenta decir algo de esa Acción Posibilitadora de todo lo que vive, de su fuerza creadora, de su imprevisibilidad; de su capacidad para generar sabiduría, sanación y belleza. Son símbolos del movimiento constante y del fluir silencioso de los procesos que gestan la vida.
El fuego de una persona se ve en sus ojos y en sus manos. El de Jesús era tremendamente cálido cuando miraba a aquel hombre excluido por la lepra, a la mujer condenada por adulterio, a la mujer con hemorragias, a Pedro después que le abandonó. En las miradas que les regalaba pudieron ellos reencender sus vidas. “Era un fuego ardiente dentro de mis huesos- expresaba Jeremías muchos siglos antes que Jesús- y aunque intentaba contenerlo, no podía” (Jer 20, 9). Jesús lo dirá de otra manera: “he venido a prender fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviese ardiendo!”(Lc 12, 49).
Cuando nos toma el fuego no tenemos nada que esconder, y precisamente aquellos materiales de nuestra vida que habríamos querido desalojar, los que considerábamos desechables, toda nuestra realidad más pobre, se convierte inesperadamente en el único material necesario para avivar la llama. Sólo prende en nuestro vacío y en nuestra desnudez.

Una vez prendidos, toda la tarea es del Fuego, y nuestro único trabajo es abandonarnos, no oponer resistencias. Entonces podremos entendernos con el otro, reverenciarlo en su realidad última, en lo que podemos ver y en aquello que siempre nos permanecerá desconocido…y se nos desvelará el amable don que guarda su vida. La diversidad nos parecerá hermosa y fecunda, y, por unos instantes, podremos vernos en aquella luz que no disecciona, que no excluye, que no clasifica. Una luz que abre en nosotros el ojo del corazón, el ojo del fuego, en el que podemos ver las cosas, asentir a ellas, tal como son, y en el que hay un lugar para cada expresión de la vida.

¿Podremos de verdad entendernos, reconocernos, hablando en mentalidades distintas, en registros espirituales distintos, en tonalidades opuestas…? (Hch 2, 4). El relato de pentecostés se abre para nosotros como un espacio de posibilidad, como un sueño realizable, un lugar hacia el que dirigirnos y que ya se nos regala pisar ligeramente. Tomados por el Fuego, podían oírse y entenderse “no en el idioma único del imperio romano, sino con sus diversos idiomas propios. En un idioma de liberación, de relación y de unificación desde abajo”.[3] Por eso, diálogo es hoy para nosotros otro de los muchos nombres del Espíritu.

4.- Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero,
porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Me parece tan necesario escuchar, como mujeres, este verso de Benedetti: “que la vida es nuestra y nuestro también el deseo”. ¿Qué ocurriría si se nos preguntara por nuestros deseos dentro de nuestra Iglesia, por lo que soñamos, por aquello por lo que queremos brindar, por lo que amamos, por las heridas…? Y si, además de preguntarnos lo que deseamos y soñamos, nos dejaran vivirlo dentro de nuestra Iglesia ¿Qué ocurriría? ¿Cómo se transformaría su rostro?
Hay un antiguo icono medieval, una pintura muy interesante que se encuentra en una Iglesia de Urschalling, en Alemania, que representa a la Trinidad, donde el Espíritu, entre las figuras masculinas del Padre y el Hijo, es representado con un rostro y un cuerpo de mujer. La Ruah, en hebreo, el aliento que posibilita la existencia, el suelo de todo lo que vive, es un término femenino: la Espíritu.

Resulta significativo que la raíz antigua de donde proviene el término Ruah, de origen a otros dos sustantivos: Rewah: la distancia y Reah: el espacio lleno de perfume.

En los relatos de la creación la Ruah de Dios genera armonía del caos, poniendo la distancia justa entre cada criatura, dándole a cada una su lugar, el espacio que necesita para desplegar su ser. En esa relación adecuada cada brizna de hierba, cada montaña, cada ser que vive, tiene su lugar y su sentido. “Un árbol da gloria a Dios siendo sencillamente el árbol que es”, decía Merton. Irradiando su propio perfume.

Hoy somos conscientes y podemos agradecer esa presencia de la Espíritu en los perfumes que portan las mujeres. En sus tareas por la paz y la justicia, en los aportes del ecofeminismo a la integridad de la creación; en su complicidad con los ciclos que favorecen la vida. Desplegar la dimensión femenina que hombres y mujeres guardamos dentro es señal del movimiento de la Espíritu. Acoger en nosotros su potencial de ternura, de cuidado y de resistencia ante todas aquellas situaciones y fuerzas que vienen a desintegrar la vida; hacer de la colaboración, de la interdependencia, del diálogo y de la apertura a las distintas culturas y a las diversas tradiciones espirituales, maneras nuevas y necesarias de situarnos en el mundo.

Los perfumes de las mujeres y los aromas, estuvieron muy presentes en la vida de Jesús, en sus momentos de gozo y de dolor. El perfume revela y oculta a la vez, aviva el deseo, es la apertura al ámbito de una presencia. Jesús los recibió agradecido y su propia vida tomó el símbolo figurado del frasco, precioso y caro, que se rompe para poder derramarse por muchos. También Jesús reconoció a la Espíritu, en los sabores y en los olores. En sus comidas con pecadores y publicanos, en los aromas de las mujeres que lo ungen. Todos nuestros sentidos están preparados, están bien hechos, para presentirla, cuando podemos disponerlos y silenciarlos.

La Dama Sabiduría, como Hildegard invocaba a esa relación vital con Dios, nos va regalando sus aromas. No son distintos del olor de la lavanda, del jazmín, de la tierra después de la lluvia, del olor del mar… del que nos deja el contacto con una persona sin necesidad de pronunciar palabras. Son los olores de la vida, también aquellos de los que nos alejamos, porque huelen mal, son señales de la necesidad de su Presencia y lo atraen como un imán. El olor que provoca la lepra en una piel, el olor de la exclusión y de la miseria, del cadáver de más de tres días, el intenso olor de un cayuco ignorado, de unas casas levantadas al borde de un basural…y allí está, aleteando sobre el caos de esas realidades para rescatarlas, para devolver a cada rostro, a toda la realidad, su propia integridad, su perfume original.

El perfume derramado sobre la piel sana es belleza y celebración, preparación para el abrazo y la intimidad. El perfume que se vierte sobre una piel herida, es ungüento y bálsamo que alivia. Pasan los años y hay heridas que permanecen, ni el tiempo las cura, o al menos no sólo, si no es un tiempo tomado por el Espíritu. Emociona cuando el Señor Resucitado muestra las heridas de sus manos y su costado, curadas pero heridas, abiertas por esa hendidura, y lo hace antes de entregar el Don (Jn 20, 22), el gran multiplicador de lo mejor de cada uno, el portador de las células madre de nuestra vida interior. Y en el ADN de ese mismo Espíritu que se desplegó en Jesús, dos polaridades que se atraen y que heredamos en nuestro equipaje genético. Cuando la Vida nos unge estamos potencialmente equipados para anunciar buena noticia, liberación, luz, sanación. Acciones que abren plenitud en nosotros. En el otro polo: los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos, señalando el hacia donde, mostrando sentido y dirección. Y en ese campo magnético de atracción se mueve la historia hacia Dios, vulnerable y amada, y nuestra pequeña vida. Jesús expresaba así esta atracción: “El Espíritu está sobre mí porque me ha ungido, para anunciar la buena noticia a los pobres…” (Lc 4, 18-21).

5.- Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida
y retomar los cielos.

Cerrojos, murallas, defensas…En las primeras etapas de nuestro proceso humano vamos envolviéndonos en una coraza. Nacemos frágiles y necesitamos protegernos. Y esa misma protección es la que, llegado el tiempo de la maduración, tendremos que soltar. Nuestro modo de blindarnos, lo hemos necesitado para protegernos y salir adelante, es un modo que también nos endurece, nos crea rigideces, y se queda impreso en la tensión de nuestros músculos y grabado en la forma de nuestro cuerpo. Y el día que aprendemos que ser vulnerables es ser humanos, no sabemos bien cómo desacorazarnos. Cómo desarticular las fuerzas depredadoras del ego en nosotros. Cómo quitar los cerrojos y bajar la guardia, y extender las manos.
El Espíritu nos hace fuertes en nuestra debilidad y nos hace madurar cuanto más recuperamos la inocencia. Esta cualidad es uno de sus rasgos más paradójicos para nosotros. Su modo de protegernos es abriéndonos, su modo de defendernos es desarmándonos. ¿Podemos creernos algo así? ¿Podemos soltar nuestra necesidad de seguridad, y abandonarnos totalmente al Espíritu para que pueda guiarnos? Jesús hacía experiencia de esto cuando decía: “nadie me quita la vida yo la doy libremente”. Y en su mayor despojo y pobreza, abría su cuerpo en la cruz a la Fuente Constante de un Amor que no Cesa y a una Alegría que nada le podrá quitar.

A mayor desarme, a mayor indefensión, mayor transparencia y bienaventuranza. Recuperar la risa y desplegar las alas en los momentos más endurecidos de la realidad, es señal inequívoca de su discreta Presencia. Que no nos extrañe que las personas más pobres y sencillas sean las más abiertas, las que pueden celebrar en medio de la adversidad, las que siguen esperando sin venirse abajo. Allí donde hay carencia, vacío, hay posibilidad.

Allí donde nuestro ego decrece (y tenemos que tener inmensa paciencia y humor con nosotros mismos) allí el Espíritu toma el lugar que le pertenece desde el principio y para siempre. El Espíritu nunca habla en primera persona. Se manifiesta en nuestros cuerpos, como una señal, como un sello de pertenencia, cuando somos llevados de la depredación a la donación, de retener a ofrecer, de sentirnos escindidos a sabernos parte de la creación entera. Y, entonces, hacemos memoria, recordamos (“el Espíritu os recordará todo”, decía Jesús) lo que estaba grabado en el corazón de la vida humana y fuimos olvidando, “que provenimos de la misma fuente de vida y que todos los hilos de nuestra vida están interrelacionados”[4].

6.- No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.

Porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento. porque no estás solo, porque yo te quiero
Hasta el final el miedo y el frío, se presentan como compañeros de viaje que vienen a apagar los sueños y las brasas. Me impacta en la secuencia del Espíritu cómo se nombra la realidad sobre la que clamamos su venida: tierra en sequía, corazón enfermo, hielo. Como si esa fuera la tierra propicia donde el Espíritu actúa. Como si ninguna situación pudiera apartarnos de su visita, al contrario a mayor desvalimiento mayor proximidad. Toda tierra baldía es buena para el Espíritu. Es un buscador incansable de fragilidades, y de intemperies. En el no-amor, en la no-existencia, en la no-posibilidad, viene como un “sí” imparable que comienza de nuevo a contarnos la historia: “en el principio fue la relación”. En la callada voz del amor toda realidad queda bendecida: los demonios, los desiertos y sus fieras, los ladrones que saquean y matan…Hasta los infiernos de la realidad baja para encontrarnos y besar cada vida. Con su beso una identidad nueva que era nuestra y habíamos perdido: nadie será ya extranjero, ni enemigo, “nadie hará daño a nadie, porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor como colman las aguas el mar” (Is 11, 9).

Hay una canción que dice: “al lugar donde has sido feliz deberías tratar de volver”, y los años nos descubren, ojalá que lo hagan, que ese lugar no es un espacio físico, ni está ubicado en el tiempo, sino que ese lugar está adentro, viene con nosotros donde vamos. Son las tierras del Espíritu y habitarlas es nuestra promesa. Aquellas tierras prometidas a nuestros padres y madres, y a todos aquellos que no tienen casa ni pan. Hay que descalzarse para entrar en esas tierras, hacerse cada vez más ligeros, más humildes; no retener nada, y recoger para que no se pierda ni uno sólo de los fragmentos de la vida, ni uno sólo de los rostros más pequeños. Hasta llenar los cestos de la Realidad con inmensa gratitud porque todos han podido saciarse de sus dones.

Las tierras del Espíritu albergan miles de nombres. Se llaman esperanza para unos inmigrantes subsaharianos sin papeles ni cobijo. Se llaman amada paz para las mujeres y niñas de Afganistán que buscan con su rostro cubierto sobrevivir a tanta barbarie. Se llaman libertad para los secuestrados largos años en cárceles y en selvas. Toman el nombre de justicia para generaciones de africanos que mueren de hambre en su continente expoliado. Se llaman belleza, porque todo lo creado es bueno y precioso, (“las lámparas son diferentes pero la luz es la misma”, decía Rumi); y se llaman siempre humanidad.

Igual que Jesús se encarnó, también nosotros nos hacemos hombres y mujeres, nos hacemos cada vez más humanos, por obra del Espíritu Santo. Él, Ella, nos hace presentir lo amados que somos, que en el Uno nunca estamos solos; “en el Uno estás siempre en casa[5]”, y que esta es la hora, para cada uno de nosotros, y el mejor momento.
“No te rindas, aún estás a tiempo”

Mariola López Villanueva, rscj


[1] Anita Nair, El vagón de las mujeres, Alfaguara 2002
[2] Eduardo Galeano, Bocas del tiempo, 2005, p. 202
[3] “Ven Espíritu Creador y renueva la faz de la tierra”, de Chung Hyung-Kyung. Se puede encontrar en “Recordamos juntas el futuro”. AA.VV. María José Arana (dir), Claretianas, 1995
[4] Chung Hyung-Kyung: o.c.
[5] Dag Hammarskjöld: Marcas en el camino. Trotta, 2009, p.151

jueves 27 de agosto de 2009

¿ASUMES EL RETO?

A pocos días de que el hemisferio norte reinicie el curso laboral, escolar... podemos afrontar tal circunstancia como una fatalidad o como un reto. Si lo que nos inunda es lo primero, la pereza, el hastío, el sueño, la desesperanza se adueñarán de nuestro ser. Si cambiamos nuestra mirada y descubrimos lo que conlleva de reto, puede que nos inunden la ilusión y las ganas de colaborar. Puede que apreciemos el valor del esfuerzo y que celebremos juntos sus logros.
¿No parece ésta una actitud mucho más fructífera? ¡¡Solo de ti depende!!
Teresa Gomà, rscj
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